domingo, 4 de septiembre de 2016

The Doors - Strange Days (1967)


El 3 de julio de este año se cumplieron 45 años de la muerte de Jim Morrison, y desde que creé este espacio de música, y todos los años sin excepción, en esa fecha le hacía un homenaje. Este año no fue así, porque tenía pensado hablar de los primeros discos de la banda, cosa que se me ha ido retrasando por cuestiones varias, pero a la que hoy pondré remedio.
The Doors se crearon en 1965 en la playa de Venice, California, dónde el estudiante de la universidad de UCLA Jim Morrison, le cantó una estrofa al oído a Ray Manzarek, de un voceto de canción ya hecha en su cabeza, era Moonlight drive. A partir de ahí Ray ve el filón y empieza a reclutar a dos músicos más, que al final serían Robbie Krieger a la guitarra y John Densmore a la batería, comienzan a ensayar y durante 1966 no paran de parir temas, primigenias versiones de lo que luego serían auténticos hits.
Todo ese material acumulado era grande, y recomendados por Arthur Lee de Love, sus paisanos, y después de unas actuaciones en vivo en clubs de Los Ángeles, en las que dejaron con la boca abierta a todos aquellos que les vieron, formando ya algún altercado el bueno de Jim, deciden firmar por Elektra.

The Doors 1966

Tanto es así, que el primer disco homónimo se graba en una semana bajo la producción de Paul A. Rothchild, y sale una auténtica obra maestra, decidiendo posponer una tirada de temas para un segundo trabajo, en vez de hacer un disco doble. Tanto es así, que aunque se graba en agosto del 66, el primer élbum no se edita hasta enero del 67. Así el 25 de septiembre de 1967 sale Strange Days, el segundo álbum del grupo, en el que sigue habiendo rock, pop, psicodelia, blues, jazz, etc., una amalgama estilística que en el seno del grupo había germinado a la perfección y a la que nunca faltó la acidez, tanto en las letras como en todo tipo de sustancias que rodeaba al grupo. De esta forma, sus directos ya tenían una buena selección de canciones para hacer un set respetable en duración.
El álbum se graba en los Sunset Sound Recorders, unos estudios de grabación de Hollywood, y realmente su estructura es bastante parecida a la del primer álbum, con una primera cara enérgica, y una segunda dominada por temas más bien cortos, para acabar con una canción de largo minutaje y clásica en sus conciertos.
Pero aquí, ya desde el inicio, encontramos una diferencia, y es la portada del álbum, si bien en el primero era una foto del grupo, aquí el aire circense con personajes clásicos del circo dan un giro en ese sentido.

The Doors 1967

El trabajo comienza con el tema que da título al disco, una evolución de su sonido, pero sin perder su identidad, ya que Strange days, y su tono sombrío donde los teclados de Ray Manzarek son oro puro, es la base perfecta para que Jim cante entre tinieblas, canción de tono psicodélico maravilloso. You're lost little girl es una balada triste pero deliciosa, que con el cambio de ritmo y la entrada maravillosa de los teclados cobra vida, además del increíble punteo de Krieger y esa batería de bosannova de John, de esos temas que como la vida misma empiezan tristes y acaban... de otra forma. Y llega uno de los hits más alucinantes de The Doors, un tema rotundo, ejecutado a la perfección y donde las mayores virtudes de la banda, que eran muchas, salen a la luz, es decir, ese pop-rock lisérgico, el teclado y órgano de Ray haciendo maravillas (ese solo es una obra de arte), mientras Jim lo borda al cante y la batería se rebela en todo momento, locura musical. Unhappy girl con ese teclado casi de fiesta infantil, es una sencilla pieza, corta en duración, pero con ese aire psicodélico y lisérgico que domina el disco y que remata Krieger son su solo espacial. Horse latitudes remata la primera cara, un discurso de Jim realmente, acompañado de unos sonidos destartalados de fondo que le sirven de banda sonora, fin corto e intenso a la primera parte.
Moonlight drive no formó parte del primer del primer disco, y si de éste, a pesar de ser el tema que originó a la banda. Me parece una canción maravillosa, donde todos están de alto copete, los teclados de Ray que comienzan la canción, el wah wah bluesero continuo de Krieger (maravilloso), la batería de Densmore que lo clava y esa letra deliciosa que despacha y canta de lujo Morrison y sus gritos desgarrados, otra joya de la corona. People are strange es otro de mis temas favoritos de la banda, un tema memorable, hecho a base de paradas y vueltas a empezar, pero con ese aire circense de la portada, una canción que a mi me da un buen rollo brutal, y cuyo punteo de Krieger es delicioso, y no menos el de los teclados de Ray que te hablan, mientras Jim lleva a todos cantando, como si de una fiestaca se tratara... ¡OBRA MAESTRA!.
My eyes have seen you tiene una melodía pegadiza, acompañada de una letra sencilla, pero donde están los Doors más salvajes y oscuros de la primera época, mientras Krieger se desfoga con un sólo brutal. I can't see your face in my mind incluye la novedad de que Ray toca la marimba, además de teclados y órgano, y donde Krieger despacha unos acordes hawaiianos de la guitarra, realmente deliciosos, convirtiendo la canción en una nana lisérgica especial.
Y acaba esta maravilla con When the music's over, canción de casi 12 minutos hermana gemela de The end pero con diferencias, hipnótica, con subidas y bajadas, pero musicalmente más rellena que su predecesora, comenzando con un riff de órgano tremendo, su enloquecido y genial estribillo, y un Densmore que aquí está en plan estrella con sus redobles, platos y charles. El sólo distorsionado y genial de Krieger antecede a la sección del medio, mientras los instrumentos se van callando lentamente, a la vez que el sombrío órgano y el bajo (que hace el mismo Ray) es siniestro y acompañan bestiales. De repente Jim grita NOW! y los instrumentos arremeten furiosos acompañado de sus gritos y exclama Save us! Jesus!, para luego llegar a un medio descanso donde aulla Until the end, para luego terminar de manera gloriosa.


Y así es Strange days, una obra maestra, cuya atmósfera y su tremenda originalidad, hacen de él uno de los mejores discos de su época, y porqué no decirlo, de la historia de la música, y lo que es aún mejor, consigue estar al nivel de aquel primer disco, algo nada fácil, por tanto dos obras maestras en 5 meses, difícil de igualar.

Os dejo con Moonlight drive en vivo en el Hollywood Bowl en 1968.


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