Hoy hace 17 años se nos iba George Harrison, el Beatle al que más cariño tengo y que en la banda donde Paul y John eran auténticos jefes, tuvo la valentía, la clase y el arrojo de ponerse a la altura de ambos en lo que podríamos llamar la segunda época de los Fab Four a nivel compositivo. Recordemos que era el más joven del grupo, pero no tardó en ponerse manos a la obra. En 1965, momento de cambio y giro en el cuarteto, George descubre la música clásica de la India y comienza el aprendizaje del sitar, un instrumento que él incorporó al pop-rock, igual que la tambura y la tabla, y por extensión el concepto de raga y las religiones del subcontinente indio (ahí se le fue un poco la pinza, quizás, pero da igual), a parte de hacerse muy amigo de Ravi Shankar. Digamos, que en eso se diferenciaba mucho de sus compañeros de grupo, pero a la vez le dio una vía de profundidad, por la que luego reconduciría su manera de componer y de subir el nivel dentro del seno del grupo.
Pero lo mejor de todo, fue que George encontró dentro de los Beatles a un cómplice y socio algo inesperado, su productor y quinto Beatle, George Martin, que ya había usado la música india a finales de los cincuenta, cuando producía a Peter Sellers en The Goons, su agrupación humorística para la radio. Sellers imitaba ya por entonces el acento y la sintaxis de los indios más anglófilos (recordemos que fue colonia británica), una parodia que luego llevó al cine en El Guateque, maravilloso film. Aunque su música posterior ya en solitario o con otros músicos (Traveling Wilburys, Eric Clapton, etc...) transcurrió por rutas occidentales, Harrison siguió fascinado por los sonidos de la India, que quedaron reflejados en temas del grupo madre.
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Su carrera en solitario empezó a toda pastilla, con uno de los mejores discos de la historia, aquel All things must pass, triple vinilo en su día, para luego tener una carrera con buenos discos y alguno menos bueno. Pero el momento cumbre, fue cuando se unió a Jeff Lynne, Tom Petty, Bob Dylan y Roy Orbison y formaron los Traveling Wilburys, una superbanda gloriosa que hizo dos discos, uno en 1988 y otro, ya sin Roy Orbison, en 1990. De aquella mítica formación gloriosa ya solo quedan Lynne y Dylan, porque el tiempo no perdona y es inmisericorde.
Hoy en homenaje, y de su carrera en solitario rescato el mítico What is life de ese primer álbum en solitario, el All things must pass, una canción alegre y vitalista cuyo riff de guitarra sigue siendo parte de la vida.
Os dejo con el tema y vídeo de What is life.