lunes, 28 de julio de 2014

Guadalupe Plata - Guadalupe Plata (2013)



En uno de los veranos más infernales que Úbeda (Jaén) recuerda, dos amantes del blues pantanoso (Pedro de Dios y Carlos Jimena) realizaron un experimento químico mezclando el canto de la rueda de pozo oxidada de Hound Dog Taylor, la oscuridad de Skip James, el ritmo hipnótico de John Lee Hooker y R. L. Burnside, la locura de Screamin Jay Hawkins, la dulzura de Tampa Red, el slide asesino de Elmore James y la esencia de Son House. 
La combustión fue inmediata, pero las llamas quedaron fuera de todo control cuando Paco Luis Martos apareció en el laboratorio con un primitivo bajo elaborado artesanalmente con un barreño de zinc, un palo de madera y una cuerda de arrancar motosierras. De estas llamas nació GUADALUPE PLATA, un compuesto diabólicamente adictivo formado por un blues crudo, sucio y serpenteante, con influencias del blues del Delta del Mississippi y la música de raíces, letras de amor de ultratumba ladradas en castellano y una electrizante y sudorosa puesta en escena.
Así en 2009 editan su primer EP de 6 temas dónde hacen una versión y el resto temas propios. En 2011 sacan su primer largo y dejan claro que lo suyo va muy en serio. Los discos no llevan título, sólo el nombre del grupo.
Y en 2013 sacan a la luz su segundo larga duración, Guadalupe Plata en 2013 si queremos llamarlo así. Y aquí, ya parten la pana definitivamente, ya que no es necesario atravesar el charco para hacer un blues incendiario, psicodélico y ortodoxo a la vez, aplicando la misma medicina que en sus anteriores trabajos, pero esta vez con un toque añadido, y es que es un disco perfecto para hacer giras y tocar en directo, un disco de carretera y manta, como se suele decir.
El blues del diablo se basa en electrizantes melodías, con una guitarra dominante, una sección rítmica apabullante y frases que se repiten como si de una sentencia se tratara.




Lamentos inicia el disco, casi a modo de intro, con ese aire a bares desérticos y mujeres crueles, que tanto les gusta. Rezando y Rata te sumergen de lleno en el mundo de Guadalupe Plata que se instala donde ellos quieren, en un cortijo, en una zona desértica de México donde se practica santería, se inhala tabaco y se bebe bourbon, con esa voz de Perico de Dios salida de ultratumba y la guitarra disparando cual fusil bluesero, sobre todo en Ratas, donde te quedas anonadado. Oh my Bey es increíble, con ese inicio casi de jazz de la batería de Carlos Jimena, y esa onda de los Doors cuando buscaban peyote en el desierto, para que la guitarra le de un vuelco y la convierta en electrizante y siga disparando ráfagas y ese estribillo que es puro delirio. Demasiado es una pieza menos caótica y más lineal estructuralmente, sonando a un blues muy muy antíguo. El funeral de John Fahey es un tema de aires de spaguetti western fronterizo, siempre con la base pantanosa de fondo. Esclavo es una melodía apabullante, con la voz de Perico medio sincopada a posta, delicioso tema con ese estribillo repetitivo. El Blues es mi amigo es otra melodía muy rápida, que parece desbocada y a punto de perder el control, resuelta de manera genial por el trío. Voy caminando es un tema en la onda de calaveras y ultratumba que dominan a la perfección, blues de muertos, con la voz de Perico a tope. Milana es una joya en si misma, blues descarriado que evoca claramente a aquella película de los Santos Inocentes (cuando Paco Rabal cuidaba de su Milana) con un riff de guitarra atronador que se escapa por encima y debajo de los ritmos marcados por la sección rítmica. Jesús está llorando 2 juega con la voz de Perico y una distorsión en su justa medida de la guitarra, y ese "mala" repetido varias veces que te deja loco. No me ama es un tema descomunal, con un ritmo precioso, a medio tiempo, dónde la guitarra navega feliz, ayudados por una armónica fundamental. Y se cierra el disco con Santo entierro es el típico tema de ultratumba que cierra a paso lento, casi de procesión de semana santa, y con silbidos incluídos, un disco glorioso.



 
Este trío no busca ni darle la vuelta a un estilo invariable, ni nada por el estilo, ni tampoco apelan a la originalidad, aunque cuidado que para mi son la mar de originales en algunos aspectos, pero ante todo suenan muy veraces y con la carga estética de una base clásica metida hasta el tuétano.
No sé que pacto han hecho con el Lucifer, pero son una de las mejores bandas que tenemos en nuestro país, y que les pongan velas en Úbeda, porque son grandes no, muy muy grandes.

Este post fue escrito por mi originalmente para Exile SH Magazine y ahora reposa en mi espacio.
 
Os dejo con el vídeo de Esclavo.
 
 

2 comentarios:

  1. Los grandes grupos se crean a base de riesgo y nuevas apuestas, y Guadalupe Plata son grandes por eso. Su lectura de blues es genuinamente española, más bien andaluza, con todo el vareo de los olivares mecido por el viento del delta de Mississippi. Si se mantienen en su propia lectura van a llegar a donde quieran.
    Abrazos boy,

    JdG

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Javier de Gregorio: Desde luego y ellos arriesgan mucho, ya de partido haciendo un estilo que no es ni de masas, ni está de moda, y nunca ha sido generador de millones de ventas creo, pero con su personal apuesta que como bien dices mezcla olivares y el delta del Mississippi de una manera gloriosa.

      Abrazos.

      Eliminar